Robot, pórtate bien: Las Leyes de la Robótica

Buscando cosas fantabulosas en StumbleUpon, me encontré con un artículo [1] que menciona las Leyes de la Robótica de Tilden. Yo estaba familiarizado con las Leyes de la Robótica de Asimov, del que me declaro admirador, que han sido popularizadas por distintas obras de ciencia ficción y han pasado a ser un referente al hablar de robots. Estas leyes de Asimov funcionan estableciendo un cierto resguardo para guiar el comportamiento de robots inteligentes y lograr que no dañen a los humanos.

Varias veces me he puesto a darle vueltas al asunto de sobre qué implicancias tiene el definir estas reglas para los robots, y de cómo podría ser realizable la implantación de ellas. Por ejemplo, las leyes asimovianas se enfocan en el aspecto social del robot (la relación humano-robot) y en cómo se establece una jerarquía de relaciones de poder (humano > robot), mientras que las leyes de Tilden se enfocan principalmente en ver al robot como un organismo autónomo. Por eso, escribo este artículo para explorar ideas sobre cómo plantear reglas fundamentales para regir el comportamiento de un robot.

Lo primero, ¿qué es un robot?

La palabra “robot” se hizo conocida en 1920, en la obra R.U.R. de Karel Čapek [2]. Proviene del checo “robota” que significa “labor forzada” y hacía referencia a una forma de esclavitud, de trabajo obligado. En la actualidad vemos que los robots ya se han vuelto comunes como un elemento cultural de la automatización industrial, de la ciencia ficción e incluso del ambiente doméstico con varios proyectos que ya se están haciendo parte de los hogares. Aún así, pese a la masificación del concepto, no existe una definición estricta de sobre qué es un robot ni sobre qué elementos lo componen. Generalmente uno asocia el término a máquinas humanoides con una voz que pareciera venir rebotando desde dentro de un tarro, pero también se puede considerar como robots a programas de software capaces de funcionar de manera autónoma (por ejemplo, bots de conversación como cleverbot [3], o inteligencias artificiales de videojuegos), o más comunmente a máquinas no humanoides que realicen tareas de manera autónoma o semi-autónoma (un gran ejemplo de esto son los robots Kiva, altamente usados en las bodegas de Amazon para organizar sus productos más rápidamente [4]). Pese a las ambigüedades que aún existen para definir el concepto, podemos estar de acuerdo en que los robots son máquinas con un cierto de autonomía capaces de desempeñar ciertas labores.

Máquinas inteligentes

La autonomía de un robot no implica que sea una máquina inteligente, así como la inteligencia artificial no implica la existencia de inteligencia. Sobre esto último quizás me extienda en otra ocasión (la IA es una de las áreas que me apasionan) pero por ahora me limito a mencionar que la inteligencia artificial es, a grandes rasgos, la automatización de comportamientos “racionales”, es decir, lograr que la máquina entregue el resultado que entregaría un humano. Cuando hablamos de una máquina inteligente, en cambio, y nos mantenemos al margen del concepto de “artificial”, llegamos a la idea de sobre qué pasaría si las máquinas alcanzaran la verdadera inteligencia (otro tema que no tiene una definición absoluta). La inteligencia dotaría a la máquina de una autonomía mayor que la estructura dada por su programa o por su construcción, y la dotaría de elementos como la imaginación, la memoria no estructurada, y un aprendizaje similar al aprendizaje humano, capaz de adquirir conocimientos y habilidades en todo tipo de disciplinas. Esto ha sido tema de estudio durante muchos años y Alan Turing propuso un test con el que considerar a una máquina como inteligente. Este test se basa en la idea de que si un juez no puede distinguir a una máquina de un humano, la máquina se considera inteligente. Pero este test se enfoca en el aspecto conductual de la inteligencia, en cómo esta se exterioriza. Incluso ya hay un software que pasó el test de Turing [5]. Lo que no considera este planteamiento es el aspecto interno de la inteligencia, como los motivos o la consciencia.

Robótica Asimoviana

Isaac Asimov [6], gran escritor y científico que vivió entre 1920 y 1992, abordó estos últimos temas en su literatura de ciencia ficción y se volvió uno de los mayores referentes del género. En sus libros como “Yo Robot”, “Sueños de Robot” y “Visiones de Robot” se presenta a los robots como máquinas de mayor complejidad a la actual, capaces de ayudar a los humanos en labores diarias, e inteligentes hasta un cierto grado. Incluso existen robots que no se distinguen de un humano normal o robots que terminan convirtiéndose en uno (como en el cuento “El Hombre Bicentenario”. Sí, el cuento vino antes que la película). Todas estas capacidades se sustentan en la existencia de un “cerebro positrónico”, que es capaz de funcionar de manera análoga al cerebro humano y darles capacidades equivalentes o incluso superiores. Pero en estas obras, el ser humano, para no ser superado por su creación en un nivel de especie (porque es superado en varias capacidades), diseña reglas que pongan al robot, por definición, al servicio del hombre. Así nacen las leyes de la robótica clásicas de la literatura de Asimov:

  1. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas órdenes están en oposición con la primera Ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no esté en conflicto con la primera o segunda Leyes.

En muchísimas obras de ciencia ficción se mencionan estas leyes como la base del comportamiento robótico (como por ejemplo, Eve no Jikan [7]), pese a que Asimov en sus mismos cuentos buscaba situaciones en las que estas leyes pudieran ser llevadas a contradicciones. De estas mismas contradicciones aparece una nueva ley, la llamada “Ley Cero” (o Zeroth):

  1. Ninguna máquina puede dañar a la Humanidad; o, por inacción, dejar que la Humanidad sufra daño.

En los mismos relatos de Asimov (se recomienda leer algún relato del Ciclo de Trántor [8]) se describe cómo estas leyes motivan a las máquinas a dedicarse durante miles de años a contribuir al desarrollo de la humanidad como especie, incluso contribuyendo en política y en el desarrollo económico.

Pero todo esto lleva a ciertas preguntas técnicas cuando uno piensa en llevar estas leyes a la práctica. ¿Cómo podemos implementar las leyes de la robótica de Asimov en robots reales? Asimov habla de un cerebro positrónico, pero ¿qué debe poder hacer este cerebro positrónico? Partiendo de la Ley 1, el robot debe ser capaz de entender lo que es un humano. Esto implica más que el solo hecho de “reconocer un humano” como se podría hacer con algoritmos de Visión Computacional y Aprendizaje de Máquina. Porque se habla de dañar a un humano, el robot debe entender al ser humano como un organismo vivo, conocer sus propiedades, sus reacciones, sus características físicas y psicológicas. Todo esto implica un tipo de máquina diferente a las que tenemos ahora, mucho más compleja y con un “cerebro” mucho más orgánico, capaz de razonamientos de nivel superior.

Quizás para llegar a ese nivel de razonamiento en las máquinas, debemos diseñarlas de tal forma en que puedan crecer como organismos naturales e ir incrementando en complejidad como un resultado emergente de su interacción con las personas, otras máquinas y el entorno. Aquí es donde es adecuado mencionar las leyes de Tilden.

Las leyes de Tilden (no de Tinder, de Tilden)

 Mark Tilden [9] es uno de los grandes robotistas modernos, famoso por su planteamiento de los robots BEAM. La robótica BEAM [10] (Biology, Electronics, Aesthetics and Mechanics) plantea un diseño de robots mucho más simple que los robots convencionales. Estos robots tienen una mayor tendencia a ser construidos con circuitos analógicos en vez de digitales, lo que muchas veces conlleva la ausencia de microprocesadores. La principal idea de estos robots es que se parezcan mucho más a organismos vivos en vez de a máquinas programables. Siguen siendo máquinas, pero con la ventaja de que pueden reaccionar de una forma mucho más natural a su entorno.

Mark Tilden
Mark Tilden

La idea de la robótica de Tilden es reducir el comportamiento de un robot a sus componentes esenciales, y como este planteamiento es distinto en complejidad de las leyes de Asimov, él planteó su propio conjunto de leyes:

  1. Un robot debe proteger su existencia bajo todo costo.
  2. Un robot debe obtener y mantener acceso a su propia fuente de alimentación.
  3. Un robot debe buscar continuamente mejores fuentes de alimentación.

Se puede ver en estas leyes que el planteamiento es mucho más sencillo en cuanto a costos y a los requerimientos de estas máquinas (en parte, lo que Tilden andaba buscando), lo que las hace mucho más fáciles de implementar en la práctica. A diferencia de las leyes de Asimov, son leyes mucho más “realizables” y abren toda una rama de estudio que ve la robótica de una forma distinta. A la vez, estas leyes plantean al robot de una manera muy similar a los organismos vivos, lo que implica que podrían, hasta un cierto grado, desarrollarse como tales y producir resultados nuevos que no podríamos haber imaginado.

Pero a fines prácticos, la robótica es la creación de herramientas autónomas, y para regularla como tal es que la EPRSC estableció algunos principios sobre los que se debe guiar su desarrollo comercial.

Regulando los robots de ahora

El año 2010, el Engineering and Physical Sciences Research Council (Consejo de Investigación en Ingeniería y Ciencias Físicas) en un conjunto con el Arts and Humanities Research Council (Consejo de Investigación en Artes y Humanidades), ambas instituciones de Reino Unido, desarrollaron un evento en conjunto con el fin de establecer ciertos principios para guiar la investigación en robótica, de manera que esta se pueda integrar en la sociedad para el máximo beneficio de los ciudadanos [11]. Estas leyes se inspiran en las leyes de la robótica de Asimov en el sentido de proteger al ser humano, aunque como se dice en la declaración de principios, estas leyes difícilmente son llevables a la práctica en la vida real ya que un robot no puede conocer todas las formas en las que un ser humano puede ser dañado. Estos principios plantean que la responsabilidad en la robótica cae sobre los humanos que los crean y que, en consecuencia, determinan el funcionamiento de la máquina.

Los principios obtenidos en la reunión de estas dos organizaciones se cristalizan en cinco reglas éticas para la construcción de robots. En sus palabras: “Las cinco reglas éticas de la robótica se consideran como un documento vivo. No se espera que se consideren como leyes rígidas, sino como un instrumento para informar las discusiones y para referencia futura”.

  1. Los Robots son herramientas multiuso. Los robots no deben ser diseñados única o principalmente para matar o dañar humanos, a excepción de casos de seguridad nacional.
  2. Los Humanos, no los Robots, son agentes responsables. Los Robots deben ser diseñados y operados dentro de las leyes existentes y los derechos y libertades fundamentales, incluyendo la privacidad.
  3. Los Robots son productos. Deben ser diseñados usando procesos que aseguren su seguridad.
  4. Los Robots son artefactos fabricados. No deben ser diseñados de una manera engañosa que pueda confundir a usuarios vulnerables; su naturaleza de máquina debe ser transparente.
  5. Siempre debe ser identificable la persona con la responsabilidad legal por un Robot.

Estos principios sirven como una base para la legislación sobre robótica, para guiar un desarrollo de la industria de una manera que asegure el beneficio de la ciudadanía. Como un complemento, se adjuntan siete “mensajes de alto nivel” para motivar la responsabilidad en la industria y la investigación en robótica.

  1. Creemos que los robots tienen el potencial de causar un impacto inmensamente positivo en la sociedad. Queremos motivar la investigación responsable en robótica.
  2. Las malas prácticas nos afectan a todos.
  3. Enfrentar las preocupaciones del público nos ayudará a progresar.
  4. Es importante demostrar que nosotros, como robotistas, estamos comprometidos con los mejores estándares de las prácticas.
  5. Para entender el contexto y las consecuencias de nuestras investigaciones, debemos trabajar con expertos de otras disciplinas incluyendo: ciencias sociales, leyes, filosofía y artes.
  6. Debemos considerar la ética sobre la transparencia: hay límites a lo que debe estar abiertamente disponible.
  7. Cuando vemos informaciones erróneas en la prensa, debemos tomar el tiempo para contactar a los periodistas responsables.

Así como para ir cerrando

Si me preguntan con cual de estas leyes me quedo, me pongo el sombrero y me voy enojado (no uso sombrero, es sólo una metáfora). Cada una de estas leyes se planteó en un contexto puntual que quería ser abordado. Las leyes de Asimov nacen en el contexto de la robótica de su ciencia ficción y deben siempre primero considerarse en ese contexto; para eso es recomendable además de conocer esas leyes, leer su literatura, no se van a arrepentir. Ponen una base de sobre cómo deben comportarse los robots con respecto a los humanos, y los plantea como herramientas que pueden ayudarnos a crecer como sociedad. Pero aún hay muchas tareas que los robots estándar que están siendo desarrollados aún no son capaces de abordar. Tilden nos abre todo un planteamiento distinto que se vale de varias disciplinas para conceptualizar a los robots como entes dinámicos capaces de desarrollarse de manera similar a los organismos vivos. Nos ayuda un poco a abrir la mente sobre cómo podemos plantear los problemas que queremos solucionar con máquinas y a la vez hace la bella tarea de integrar varias disciplinas en la discusión. Esto último se considera en las leyes propuestas por EPSRC / AHRC, que se encargan de plantear principios acordes a la robótica moderna como industria que se está integrando de gran manera en la sociedad.

Todos estos planteamientos contribuyen a que nos preguntemos cómo queremos que se desarrolle la robótica de aquí hacia al futuro. Quizás aún faltan leyes que plantear, cosa casi segura, y por eso las discusiones deben seguir abiertas y deben considerar desde el ingeniero más especializado en control hasta los niños que se crían con películas de ciencia ficción que les dan una perspectiva confusa de la robótica real, para que así podamos todos ser beneficiados por el desarrollo tecnológico y por estas criaturitas tan fabulosas.

¿Cierto que son adorables? ¿Sí? (Fuente de la imagen: http://www.notimerica.com/sociedad/noticia-nao-robot-poliglota-sera-nuevo-trabajador-bancos-tokio-2020-20150203145049.html)
¿Cierto que son adorables? ¿Sí? (Fuente de la imagen: http://www.notimerica.com/sociedad/noticia-nao-robot-poliglota-sera-nuevo-trabajador-bancos-tokio-2020-20150203145049.html)

Y bueno, ya que llegaron leyendo hasta aquí… ¿se les ocurre alguna ley que agregar? Súmense a la discusión 😉

Referencias

  1. Tilden’s Laws of Robotics: https://en.wikipedia.org/wiki/Tilden%27s_Laws_of_Robotics
  2. Origen de la palabra robot: http://www.xatakaciencia.com/robotica/el-origen-de-la-palabra-robot
  3. Cleverbot: http://www.cleverbot.com/
  4. CNET News – Meet the robots making Amazon even faster: https://www.youtube.com/watch?v=UtBa9yVZBJM
  5. ABC.es Ciencia – Un ordenador pasa por primera vez el test de Turing y convence a los jueces de que es humano http://www.abc.es/ciencia/20140609/abci-superordenador-supera-primera-test-201406091139.html
  6. Isaac Asimov – Divulgación científica y ciencia ficción: http://www.asimov.es/
  7. Eve no Jikan: http://myanimelist.net/anime/3167/Eve_no_Jikan
  8. Ciclo de Trántor: https://es.wikipedia.org/wiki/Saga_de_la_Fundaci%C3%B3n
  9. The Evolution of a Roboticist: http://www.botmag.com/the-evolution-of-a-roboticist-mark-tilden/
  10. Robótica BEAM: https://es.wikipedia.org/wiki/Rob%C3%B3tica_BEAM
  11. EPSRC Principles of Robotics: https://www.epsrc.ac.uk/research/ourportfolio/themes/engineering/activities/principlesofrobotics/

El Software Libre es como la mayonesa casera

El Software Libre¹ es como la mayonesa casera.
por Bruno Alexis Faúndez Valenzuela

Imagínense lo siguiente por un momento:
Tenemos un mundo sin mayonesa. Luego llega una empresa y presenta su maravilloso producto: “La mayonesa”. Todos quedan maravillados ante la infinidad de posibilidades que tiene en la gastronomía y en otras áreas bizarras². Al principio todos son felices, pero llega un punto en que alguien quiere modificar algo en la mayonesa. Esa persona puede tener -como mucho- la información nutricional sobre los compuestos químicos que la componen, pero no la información sobre cómo hacerla. Las personas están atadas a esa empresa que suministra mayonesa y, en consecuencia, están atadas a su sabor, su textura, sus químicos desconocidos, sus precios de mercado.

Imagínense ahora el siguiente escenario:
La empresa hace pública la receta de la mayonesa. ¿Qué ocurre?
Primero, se abre la competencia en el mercado. Nuevas empresas podrán empezar a producir mayonesa y acercarse a un entorno de “competencia perfecta”, es decir, donde ninguno de los agentes pueda poner precios que no sean adecuados a la oferta y a la demanda ni poner monopolios. Además, cada empresa empezará a buscar formas de mejorar la mayonesa y darle algo que la haga especial.
Pero en otro punto (y esto es lo más hermoso), imagínense ahora que al hacer pública la receta de la mayonesa casera, su producción no se limitará solamente al ámbito comercial, sino que se extenderá a cualquier persona que pueda disponer de los materiales. Personas en sus casas podrán ver la receta, juntar los materiales y hacer su propia mayonesa. Si no les gusta como queda, podrán modificar la receta y añadir sus propias variantes. Si quieren hasta pueden compartir las variaciones que le hagan a la receta original y darle a otras personas la posibilidad de probar su creación e incluso añadir sus propias modificaciones. En este escenario, tenemos una creación constante de mayonesa casera que enriquece el entorno gastronómico de todas las personas.

El Software Libre es como la mayonesa casera.
Es hacer de libre conocimiento la forma en que los programas son hechos.
Es brindar la posibilidad de modificarlos a gusto.
Es la posibilidad de compartirlos con quien uno quiera.
Es enriquecer el entorno creativo de la tecnología.
Es atacar los monopolios.
Es horizontalizar jerarquías.
Es potenciar el trabajo en comunidad.

Hay gente a la que no le gusta la mayonesa casera, pero el mero hecho de poder usar mayonesa casera ha propiciado una diversidad siempre creciente de sabores. Lo mismo pasa en el Software Libre. Es una posibilidad constante de creación, compartición, innovacion y trabajo en pos de la comunidad.
Es Libertad.

1: http://www.gnu.org/philosophy/free-sw.es.html
2: http://www.recetasmierdaeuristas.com/15-sorprendentes-usos-de-la-mayonesa-para-el-hogar/

Somos libres

Somos libres
Libres para elegir en cuántas cuotas
Libres para elegir lo que queremos parecer
Libres para cantar, aunque ojalá que sea la canción del comercial favorito
Libres para comprar lo que queramos, siempre y cuando sea en el supermercado de tu clase
Libres para leer lo que queramos, mientras sea un best seller de turno
Libres para correr, obviamente cuando sea para tonificarse en cintas de gimnasio
Libres para sentir el viento en las caras, siempre que venga de los ventiladores
Libres para enojarse, mientras sea contra personas
Libres para comer cajas negras
Libres para tener tecnología, mientras mantengamos la cabeza gacha ante las letras artificiales
Libres para soñar, mientras sea con tener
Libres para vestir el color que queramos, aunque si no es el del resto te mirarán raro
Libres para tomarte de la mano con quien quieras, mientras salgan bien en la foto
Libres para elegir, mientras esté en el menú
Libres para festejar, mientras lo publiques en tus redes
Libres para entrar, siempre que pagues el consumo
Libres para rezar, obviamente al dios que te enseñamos
Libres para crear, pero si no nos sirve lo desecharemos
Libres para quejarse, si es frente a la pantalla
Libres para tener cultura, mientras salga en la cartelera

Libres para obedecer
Libres para aparentar
Libres para ignorar
Libres para ser engranes

Repitan conmigo
Somos libres.

Agregue lo suyo.

Me gustaría decir unas palabras sobre la cultura…

No me venga con que no tiene acceso a cultura.
No venga con esas patrañas de que para tener cultura hay que tener plata.
Es hora de sacarse de la cabeza esa idea estúpida de que la cultura se “adquiere” como un vil producto y que es parte de lo que el mercado llama “entretenimiento”.

La cultura no es un CD de música, no es un libro usando espacio en la repisa, no es una pintura colgada en el living, no es una escultura en la mesita de centro, no es una entrada al cine ni al teatro.
La cultura son todas las expresiones que nos caracterizan como grupos humanos. No es algo que se pueda envasar ni medir con números ni precios de entradas ni canjear por puntos.

Es algo que creamos con nuestras actitudes, con nuestros actos y nuestros modos de pensar. Con nuestros anhelos y nuestras formas de vivir.

La próxima vez que usted vaya a decir que no tiene acceso a cultura, esa misma actitud será parte de su cultura, pero de una cultura decadente, que busca ver todo como una mercancía y como bienes adquiribles.

Como dice Guy Debord en “La Sociedad del Espectáculo”, nuestra sociedad vive en “la declinación de ser en tener, y de tener en simplemente parecer”. Nos enseñan que la cultura es apariencia, es intelectualismo, es esnobismo. Dejamos de “ser” para “tener”, para adquirir. Y luego vamos aún más allá y pasamos a “parecer”, a “creernos
cultos” por poseer.

Es momento de que el ser humano se reencuentre con su cultura. Es momento de que al hablar de cultura, pensemos en todo aquello que nos distingue como grupo humano, lo reflexionemos y lo veamos como algo vivo que creamos entre todos.

Para tener cultura no se necesita pagar, se necesita ser humano, sentir, desear, experimentar, crear. Lo demás es simplemente tomar un lápiz y escribir, tomar un pincel y pintar, tomar un instrumento y crear música, reunirse con gente y discutir, simplemente actuar, que para esas cosas no se le pide permiso a nadie.

Cuando empecemos a ver la cultura como parte de nosotros, vamos a ver lo que de verdad hace terribles a cosas como el altísimo impuesto al libro o las restricciones ridículas como el DRM. Se deja que la economía limite nuestro acceso a la creación y expresión de otras personas. Nos lleva a que se elitice el contenido y que se fracture nuestra identidad cultural.

Por eso, la gente debe recuperar las riendas de la cultura y debe comprender que la cultura no se “adquiere”, uno se hace partícipe y/o agente de ella. Y también debe entender que la cultura no es un elemento de entretenimiento, sino que es el espíritu de los grupos humanos.

¿Dónde yace la libertad del ser humano?

Últimamente una palabra ha estado chocando contra las paredes de mi cabeza y haciendo harto ruido. No recuerdo muy bien cómo empecé a pensar en el asunto, pero me empecé a cuestionar bastantes cosas acerca del término. El asunto que me trae aquí es: la libertad.

Primero me preguntaba ¿qué es esa libertad de la que todos han hablado por lo menos alguna vez en su vida? Muchos usan la palabra para estetizar sus discursos, planteándola como un ideal máximo al que todos deberían aspirar. Otros la usan para referirse a algo que les ha quitado algún ente opresor como se lo gritan al estado, a los políticos, al sistema educativo. Pero entonces me empezó a inquietar el asunto. Me pregunté ¿dónde está de verdad esa libertad que todos mencionan pero que nadie se atreve a definir? Para acercarse a una visión de libertad primero hay que entender qué significa.

Según el diccionario de la RAE, libertad se define como: “Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.”, pero esta definición no me agrada. Primero porque habla de natural, y yo creo que en muchas situaciones la libertad no es algo natural en las personas. ¿Qué pasa en esos casos en los que un ser humano nace en un entorno que limita su expresión? Lo natural para una persona que viene a aparecer en un ambiente es ese entorno que condiciona sus acciones, que la educa y define sus principios por los que se seguirá rigiendo. ¿Qué pasa cuando tenemos un sistema educacional al que para acceder uno tiene que venderle el alma a créditos esclavizantes y hay personas que sueñan con estudiar y contribuir al entorno y no pueden? Esas personas no tienen la libertad como algo natural, lo natural es lo que impide su capacidad de optar libremente.

Este asunto se puede generalizar aún más. El obrar de una manera, de otra, o el no obrar, generalmente está determinado por factores externos a la persona misma. Uno está determinado por un entorno que lo condiciona, así que nuestras posibilidades de acción están condicionadas. ¿Qué pasa con las mujeres que quieren ser respetadas pero la sociedad les grita a la cara que deben comportarse de un modo determinado, usar ciertas ropas y maquillarse hasta convertirse en no más que un objeto decorativo, un vil mueble? ¿Son libres de ser respetadas?

La libertad no es algo natural, está más adentro, ya que afuera, en el entorno, es muy dificil de encontrar. La libertad nace en el ser humano y por el deseo del ser humano. Aunque todavía el concepto sigue ligado a los tres términos que se mencionan en la definición de más arriba: obrar de una forma, de otra o no obrar. Entonces para entenderla mejor, el foco tiene que pasar a las obras. ¿Por qué se cometen las obras (entendiéndolas como acciones de las personas)? y ¿en qué punto las obras se relacionan con la libertad?

Las obras se relacionan con la libertad en el momento en que se cometen por nuestra voluntad. La voluntad es lo que “lleva a la persona a obrar de una manera o de otra, y de no obrar”. Es lo que mueve al ser humano a empezar una conversación, escribir un blog, levantar la mano para hacer una pregunta, levantar la mano para pegarle a alguien y llevar a cabo cualquier acción a través de la que una persona influye en su entorno o se abstiene de influir. Pero me surgió otra duda (sí, tengo muchas dudas y pocas respuestas, ¿qué le voy a hacer?) que es de dónde nace esta voluntad.

Dentro de la mente del ser humano existen muchísimos factores que vienen dados por el entorno. Un psicólogo sabría explicar esto mucho mejor que yo, pero en mis palabras esto vendría a ser llamado condicionamiento. La mente tiende a asimilar comportamientos externos como propios (como tendencias generacionales, modales y normas de conducta), tiende a generar esquemas de conducta por repetición (como el acostarse tarde y levantarse temprano,  el tomar el celular cada vez que uno escucha sonar un teléfono, y como algunas teorías dicen: el bostezar), tiende a memorizar actitudes y a repetir. Y ninguna de estas actitudes nace por una decisión del ser humano como tal. Es más un acto reflejo, una reacción del subconsciente. Creo que podemos hablar de voluntad cuando nos encontramos más adentro de esta capa de reacciones y de esquemas. Cuando las ideas, los anhelos y los motivos son generados por la conciencia misma de la persona. Por todos aquellos elementos que hacen a un ser humano único e irrepetible y que lo definen como individuo. Algunos llamarán a esa capa “alma” o “espíritu” pero yo, que soy un poco más escéptico, prefiero llamarla conciencia. Ese rincón de la mente donde de verdad soy yo y soy un agente activo y no un mero receptor de información. Donde tengo la capacidad de crear en un sistema no determinista.

Entonces, creo que podemos hablar de libertad cuando los actos (y el abstenerse de realizarlos) por parte de las personas proviene de su voluntad.

El problema radica que la voluntad se origina en la capa más interna del ser humano. Primero debe pasar a la siguiente capa. A cuestionarse sus costumbres, sus reflejos, sus reacciones, estudiar sus propios esquemas de conductas y ver si van de acuerdo a sus deseos. Incluso analizar si sus deseos son originados por voluntad propia o son condicionados por el entorno. Superando esta capa viene la capa más difícil, cuando un hombre vive con libertad en su entorno. Cuando es capaz de transformar el entorno en aquel que cree más propicio, cuando es capaz de desear un lugar mejor, de crear un lugar mejor. Un hombre vive con libertad en su entorno cuando es agente de cambios, y no un paciente más de la sociedad, de las decisiones ajenas ni de las ideologías de masas.

La libertad no es algo que se alcance, es el medio de alcanzar. ¿Qué queremos alcanzar? Eso depende de cada uno, como individuo, como ser humano.

El problema es que nuestro entorno no disfruta nuestra libertad, se resiste a nuestra individualidad. Con constituciones opresoras, con leyes injustas, con ideales de belleza, con modelos de conducta, con productos de moda, con privatización de información, con medios de comunicación adoctrinados, con control de masas.

Pero mientras no perdamos nuestra voluntad y luchemos porque sea ella quien guíe nuestros actos, ahí tendremos nuestra libertad. No digo que ataquemos a la sociedad ni a los sistemas, sino que estudiemos todo y veamos si es lo que de verdad queremos. Que nos preguntemos qué es lo que cada uno quiere en su vida.

Concluyo citando este blog donde mencionan que uno de los posibles orígenes de la palabra libertad signifique “desear”. Cuando son nuestros deseos y nuestras añoranzas los que rigen nuestros pasos, ahí vemos dónde yace la libertad del ser humano.

Esperando leer sus comentarios y sus perspectivas sobre la libertad o cualquier opinion que deseen dar, me despido.

La decadencia de las conversaciones y la perspectiva lineal de la cultura

Cuando camino por los pasillos de mi universidad, una de las características principales de las conversaciones que escucho es que son acerca de la misma universidad. Sea “el profe xxxxx hizo tal cosa”, “me fue xxxxx en la prueba de xxxxx” o “estoy cansado del ramo xxxxx”, pero siempre giran en torno a los mismos temas: estudio, ambientes de estudio, herramientas de estudio, obligaciones. Y esto no sucede solamente en la universidad. En la mayoría de los lugares en los que se encuentran personas entre 20 y 30 años, los temas de conversación están siempre orbitando en torno a los mismos asuntos: universidad, trabajo, responsabilidades.

 Recuerdo que cuando estaba en la escuela básica las conversaciones con mis compañeros giraban en torno a temas de un amplio repertorio en el que aparecían cosas que nos gustaba hacer, algo que apareció en la tele, algún lugar visitado el fin de semana, alguna comida, láminas de álbumes, juegos de cartas. El punto es que antes las conversaciones eran acerca de las cosas que nos gustaba hacer y no de lo que estábamos obligados a hacer.

Entonces, ¿qué fue lo que pasó que volvió tan monótonas las conversaciones?

 Cuando uno le pregunta a un joven promedio por qué no habla de otra cosa (no es una pregunta fácil de hacer sin despertar cierta hostilidad…) generalmente responde que no tiene tiempo para hacer cosas extraprogramáticas, pero yo creo que el problema de fondo va en los paradigmas sobre la especialización que la sociedad busca inculcarnos. Por ejemplo, a mi me gusta dibujar y cuando la gente lo nota hace comentarios como “¿y qué haces estudiando informática?”. Esos comentarios dejan entrever la triste realidad de una sociedad que tiende a la sobreespecialización, en la que se juzga linealmente a las personas y se las categoriza de una forma excluyente a otras expresiones culturales fuera de su “especialidad”.

¿En lo que trabajamos define lo que somos? Si lo pregunto así, obviamente la respuesta es no (al menos para mí). Pero a eso es a lo que estamos llegando. Las personas se están convirtiendo en seres lineales que se definen en un entorno reducido en el que mueven sus relaciones sociales, sus actividades laborales y no laborales, sus aspiraciones y ambiciones. Sus deseos no escapan en gran medida a elementos dentro de su reducido círculo.

No sé si será la realidad de todo el mundo, pero a mi me parece que las conversaciones casuales han decaído en el último tiempo. La gente ya no siente curiosidad por temas que no estén en su entorno cercano, lo que lleva a que las conversaciones que tienen con el resto sean simples, a menudo predecibles y monótonas. Esto es una causa directa de esa especialización que tiende a inyectarnos la sociedad. Que los niños deportistas no pueden leer libros, que los hombres de ciencia no saben dibujar, que los humanistas no saben de números, que los artistas no saben de política. Pese a que todos esos son estereotipos, muchos de ellos se vuelven reales con una intensidad que me preocupa. La cultura se vuelve lineal, el ser humano se vuelve simple y acotado.

¿Dónde está quedando ese espíritu que motivaba a la gente a saber de todo? ¿Que acaso no volveremos a ver mentes tan geniales como Da Vinci que buscaban el conocimiento en todas las áreas posibles? Varias veces he escuchado la frase que dice que un hombre debe plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro, pero yo creo que debería hacer mucho más. Debería saber un poco de arte, tener una opinión sobre el estado de la sociedad, tener un hobbie, tener una pasión, practicar un deporte, saber cocinar un poco, ser capaz de cortar el pasto y cambiar una ampolleta… Pero no, estamos en una sociedad “civilizada” en la que cada uno hace su parte, aprende lo que le corresponde y no busca saber ni más ni menos de lo que necesita.

En consecuencia, no tiene nada interesante de que hablar.

Al menos en mi caso, trato de ir a obras de teatro, exposiciones de pintura, ver series de anime, leer autores que no tienen relación unos con otros, aprender de cosas al azar… para no convertirme en un ser humano lineal como esos del montón. A ver si así logro mantener mi cordura…

A decir verdad, no tenía un objetivo muy claro al escribir esta entrada, pero me dieron ganas de escupir esas ideas y dejarlas ahí por si alguien se pasa a leer. Quizá no esté muy bien redactado, pero no quiero quitarle espontaneidad re-redactándolo. Espero que si tú has leído hasta aquí, dejes un pequeño comentario con cualquier cosa que quieras agregar 🙂