Mañana

Ana está sentada al otro lado de la mesa y yo la miro. Habla de algún tema que no alcanzo a oír con la tipa que está sentada al lado. Noto que ella no le presta mucha atención porque mira distraída alrededor, pero Ana sigue hablando tan feliz como si hablara del único tema digno de atención en el mundo. Le digo algo que ni yo mismo escucho, pero ella no lo nota. Un tipo sentado a mi lado me pone la mano en el hombro y me hace una broma, toma mi vaso y lo llena de cerveza. ¡Salud! Bebemos todo de un trago luego de hacer chocar nuestros vasos de vidrio. Miro a Ana otra vez, pero ella se ha puesto de pie y camina hasta perderse tras un pasillo. Siento que dos manos se apoyan en mi espalda y una lengua recorre el contorno de mi oreja. A Ana se le quedó el teléfono en la mesa, quiero llevárselo, pero las manos que se posaron en mi espalda se suben a mis hombros y me empujan hacia abajo. Ana, tu teléfono…

-Ana, tu teléfono…

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Algún Cuento

    En alguna calle hay una mujer que llora por algún motivo. Llegó por alguna razón (o quizás por ninguna). Por la calle pasa caminando algún señor que la ignora porque va preocupado por alguna cosa de cierto grado de importancia. La mujer está apoyada en una pared, o posiblemente sentada en una banca. Tiene algo en las manos, al parecer es importante porque lo sujeta con fuerza. Mira la hora en un reloj en su muñeca, o la busca en la pantalla de su teléfono. Tiene miedo, o tiene pena, o tiene un algo que no tiene, pero algo tiene. En el horizonte brilla un atardecer, o al parecer la mira la luna, o no la mira porque la esconden unas nubes de algún color triste, pero hay un algo en el cielo que tiene algún significado que la mujer no ve.

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El último día de las vacaciones en la Luna

Hace días que se venía acercando el final del paseo. Si la decisión fuera suya, se quedarían otro par de meses en el centro de recreación lunar. Pero eran estrictos con las fechas y su pasaje no podía ser cambiado. Además, los niños se empezaban a aburrir y eso era la verdadera causa de su pesar. Si seguían más tiempo ahí, sus hijos se darían cuenta de lo aburrido que era como padre y eso lo aterraba.

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Cuento del taller: Continuidad

Ayer, viernes 6 de Junio, se acababa el taller de literatura. Con eso, les dejo el último cuento que escribí para la ocasión cuyo tema era “el final”. El jueves 12 de Junio estaremos con los miembros del taller y de los otros talleres del Centro Cultural de la Municipalidad leyendo uno de nuestros escritos a las 19:00 hrs. en el Centro de Extensión de la Universidad Católica del Maule.

Continuidad

“El tiempo es una criatura terrible” pensaba. Por mucho que hubiera intentado conseguir una vida tranquila, casi inerte, siempre había algo que se oponía a la inmovilidad. Por muy silencioso que se volviera el mundo, se oía un rumor constante como de engranes, como de pasos, como de murmullos. Había una tensión permanente en la vida que se rebelaba contra su voluntaria soledad.

La tendencia al cambio se hacía notar en todo el universo. A veces tan lento, que era imperceptible a los sentidos despreocupados. Pero estaba siempre presente, especialmente en esta noche. En una humanidad que siempre busca la estabilidad y el control, la naturaleza siempre tendía sus jugarretas. Así fue como apareció una enfermedad nueva, extraña, que provocaba una muerte sencilla e indolora. No se había descubierto una cura. Lo único que se podía predecir, era el momento final. Desde el día en que fue diagnosticado estaba esperando esta noche como si pudiera sentir a la muerte sujetando la guadaña sobre su cuello esperando la hora indicada. Sin ningún rencor contra su verdugo metafísico, disfrutaba una copa de vino frente a los leños crepitantes de la estufa de su casa de campo.

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Cuento del taller: Bloqueo Literario

Para el viernes pasado, el tema a escribir era “el gesto”. Pensé en buscar un gesto que tuviera cierto significado histórico y atemporal y en lo primero que pensé fue en el gesto con el pulgar con el que se quitaba o perdonaba la vida a los antiguos gladiadores, pero no se me ocurrió ninguna historia. Luego se me ocurrió un gesto que rebosa de universalidad: el levantar el dedo del medio. Según este artículo, es un gesto que ya se utilizó por los antiguos griegos. Teniendo ese gesto en mente, me senté a escribir y me dio un bloqueo terrible el jueves pasadas las dos de la mañana. En un momento en el que el cerebro ya se me salía, decidí usar el bloqueo y ese gesto como motivos principales de una historia y resultó esto.

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Cuento del taller: Dos Momentos

El tema para la semana pasada era “El Libro”. Escribo el cuento ahora, porque el viernes pasado fui a Valparaíso con los voluntarios de la UCM. La idea esta vez es hablar del libro en dos situaciones distintas: una primera parte en que se habla de la creación de una historia, y en una segunda parte en que se habla de la trascendencia de las historias a través del tiempo. Todo a través de dos partes de un cuento que se unen en torno a un escrito.

 

Dos Momentos

Parte 1: Momento Bibliográfico

Por alguna razón, ese día decidió caminar por una calle distinta. A veces uno se cansa tanto de la monotonía del mundo que siente que se va a volver de piedra si no hace algo que rompa el común andar. Así fue como se encontró cruzando un callejón que olía a abandono, y así fue como se encontró frente a frente con un cuaderno pegado a una pared. No era un cuaderno extraño que saltara a la vista, pero el hecho de que estuviera pegado a la pared (y con tal firmeza) fue lo que lo llevó a detenerse y acercarse. La tapa se deslizó hacia el lado tal como lo haría una puerta y desveló un pequeño texto escrito en la primera página:

La idea es simple: escribes algo y vuelves a los dos días. Cuando vuelvas, yo habré escrito algo. Si vienes el día después de haber escrito, se acaba el juego. Si te demoras algunos días, te esperaré hasta que me aburra. Pasémoslo bien.”

Al leer eso se sorprendió. Una propuesta así era algo más impresionante que lo que buscaba con su idea original de caminar por una calle distinta. Se palpó los bolsillos y no encontró ningún lápiz, así que, decepcionado, se marchó.

Al día siguiente, mirando alrededor como si lo estuvieran observando, se acercó al callejón sosteniendo un lápiz. Algo nervioso, escribió un pequeño saludo y se marchó sonrojado pensando que cometía una estupidez al estar ahí. No fue eso lo que pensó cuando dos días más tarde encontró una alegre respuesta un par de líneas bajo su mensaje. Así fue como comenzó su historia. Día por medio iba a buscar una respuesta y a dejar un mensaje. A veces recibía preguntas que él también respondía divertido. Siempre había algo agradable que leer ahí: algún chiste, una historia breve, una reflexión, alguien que ponía atención a sus historias. Había una cierta fluidez en su diálogo que escapaba al flujo natural del tiempo. A veces se ponía a leer hacia atrás la historia que iban construyendo y sentía que su vida no fuera otra cosa más que la que aparecía escrita en ese cuaderno. Curiosa cosa resulta mencionar que jamás se enteró del nombre, sexo o edad de su interlocutor. A veces preguntó, pero fue evadido con ingeniosas respuestas que hicieron innecesaria la insistencia. Así siguieron hasta el día de la enfermedad. Cayó en cama sin poderse levantar por algunas semanas. Cada día se volvía una agonía tal que escribía en cada papel que encontraba. Entre fiebre y tos recordaba una parte de las instrucciones: “te esperaré hasta que me aburra”. ¿Se habrá aburrido? ¿Me habrá respondido?

El primer día de la mejora, partió a su pasillo lo más rápido que pudo. Sobresaltado vio que lo único que había por respuesta era la silueta de una mano dibujada. Como si lo supiera de antaño, apoyó su palma contra la palma dibujada y susurró unas palabras: “Estoy de vuelta”. Después del dibujo escribió una pequeña frase: “Quiero verte”. Dos días después, su historia tomaría un giro totalmente nuevo.

Parte 2: Momento Arqueológico

Un día a principios del año 3074, un recolector exploraba el terreno que se le había asignado en la zona de escombros “Tierra-429”. El objetivo de su trabajo era buscar algo de interés que pudiera servir a los arqueólogos que cómodamente esperaban en la nave. Explorar aquellos pedazos de planeta flotantes con su traje de gravedad artificial parecía una ligera labor en comparación con las regalías que le ofrecían si encontraba alguna evidencia destacable de las creaciones humanas de antaño.

Fue allá por el año 2350 cuando un fenómeno que los científicos describieron como una especie de resonancia con un universo paralelo empezó a provocar procesos extraños en la materia. El proceso más famoso fue la alteración en el campo de gravedad de la Tierra, que la llevó a fracturarse en grandes pedazos de roca que flotaban como si el tiempo los hubiera olvidado. Con el paso de los años, las rocas y la materia se empezaban a desintegrar, por lo que se enviaron expediciones de arqueólogos a intentar salvar lo que pudieran encontrar como vestigio de la cultura humana que en el período de la fractura se vio obligada a huir presurosa del planeta abandonando muchas de sus creaciones.

Entre todos esos restos de mundo fue que el recolector dio con un artefacto sospechoso. Un elemento rectangular adherido a un bloque de concreto que parecía plegarse sobre un eje. Extrañado, lo despegó aplicando algunos pulsos electromagnéticos con su guante. Se llevó una gran impresión al darse cuenta de que habían palabras escritas en el artefacto. Ligeramente distintas a las que se hablaban en su época, pero aún así comprensibles. Luego de empezar a leer comprendió que era un diálogo. ¿Qué sentido tenía registrar un diálogo en tal artefacto? Era muy distinto de las pantallas en las que podía consultar información en cualquier momento y que se reescribirían al mostrar información nueva. Esto era un diálogo sin ninguna posibilidad de modificación en un material que parecía poder romperse ante una adecuada aplicación de fuerza. Los arqueólogos sabrían qué hacer con esto, así que se comenzó a impulsar hacia la nave mientras por curiosidad aún leía. Así conoció la historia. Cada palabra lo hacía acercarse más a la esencia misma de la conversación forjada en el papel. No le encontraba un sentido al hecho de escribir tales cosas, pero lo disfrutaba. Su mente intentaba buscar una utilidad al mundo que se construía ante sus ojos y no lo lograba. Pero algo estaba claro: lo disfrutaba y quería más.

Luego de unas horas se hallaba sentado sobre una roca aún inmerso en la historia. En eso se encontró con el dibujo de una mano. La recorrió con el dedo y luego leyó las líneas que concluían la historia. Ante ellas, sentía su pecho sobrecogido de emoción. “Creo que aún no le llevaré esto a los arqueólogos”. El recolector se internó otra vez entre las rocas. Por alguna extraña razón necesitaba conseguir otro de esos artefactos. Así fue como el último libro de un momento se convirtió en el primero de otro.

Cuento del Taller: Melodías de una estrella

El tema para esta semana era el silencio, pero cuando lo empecé a escribir me fui por las ramas y me alejé algo del tema. La idea de escribir un cuento en versos nació luego de que me puse a jugar el juego Child of Light de Ubisoft y quise intentar usar las palabras de esa forma musical. Descubrí que es una gran tarea. Sin más preámbulos, aquí está:

Melodías de una estrella

La luna ya se alzaba

sobre el cielo estrellado.

“Cuéntame una historia”

pidió el niño, arropado.

El padre tomó un libro,

pues estaba preparado.

“Esta es una historia

que una vez oí de un mago”.

En un tiempo ya distante

cuando joven era el cielo

las montañas contemplaron

una tierra en feroz duelo.

Como truenos se escuchaban

más allá de los castillos

los azotes incesantes

de metal contra colmillos.

Entre hombres y dragones

jamás hubo otro lenguaje

que no fuera el de la ira

que asolaba los paisajes.

La paz yacía dormida

en este tiempo amargo

pero de unos ojos niños

dejaría su letargo.

Pies descalzos lo llevaban

hacia el bosque cada tarde.

Sin testigos entrenaba

las destrezas de su arte.

Era el arpa su tesoro,

de sus padres la memoria.

En sus cuerdas excavaba

por vestigios de su historia.

Melodías frente a un río

de la guerra lo resguardan.

En la espada no hay sentido

si los pajaritos cantan.

En un día de rutina

sintió que lo observaban.

Dos dorados brillos

entre arbustos lo miraban.

“¿De quién serán los ojos

que desde la sombra espían?

Por favor, ladrón no seas

pues mi bolsa está vacía”.

Un paso dio hacia atrás

y sintió un escalofrío

cuando de entre las hojas

hubo él aparecido.

Con la piel de escamas negras

y los dientes afilados

frente a él se mostró un dragón

y quedaron congelados.

De rodillas él se cae

por el susto tan inmenso.

Ojos cierra, resignado.

Muerte espera, en suspenso.

Pero el dragón no lo ataca,

más lo mira sorprendido.

Jamás había visto a un hombre

engendrar bello sonido.

Con un gesto él le explica,

pues no habla lengua humana,

que su música lo atrajo

y no trae intención mala.

Poco a poco ellos se acercan,

y el miedo abandonan.

Entre cada melodía

su nueva amistad se asoma.

Día a día se reúnen,

en el bosque frente al río.

La ocasión ellos no pierden

aunque llueva o haga frío.

“¿No eran estas criaturas

de terrible corazón?

En los ojos de mi amigo

de maldad no veo razón.

Ya no veo más motivo

a esta terrible guerra

les diré con mi canción

a los hombres de mi tierra.”

Y así el niño con su arte

se fue a recorrer los pueblos.

Cada día, cada tarde

su sonido alzaba el vuelo.

A los hombres les cantaba

“En la guerra no hay sentido”

pero ellos ciegos, sordos,

no le prestaban oído.

A los dragones cansados

de su espalda alas crecieron.

Tras la luna, a otra estrella

una noche ellos fueron.

Sólo uno quedó atrás,

para dar su despedida.

El niño le dedica

una nueva melodía.

“Vuela lejos, buen amigo

yo en la tierra viajaré.

Algún día con mi arte

de la paz convenceré.

Y así puedas algún día

a esta tierra tú volver.

Y que hombres y dragones

puedan juntos crecer.”

En la noche, en silencio

los dragones algo oían.

Alegraba el cielo inmenso

una humilde melodía.

Y habiendo así la historia

alcanzado ya su fin

el pequeño niño dragón

se puso a dormir.

“Ya te estaba esperando

para poder jugar contigo”

le dijo en el sueño

un niño hombre, su amigo.