El bolsillo de la colación: La @socalitybarbie y el carpe diem de cartón

Un tema que salió en dos semanas sucesivas en el The Clinic (ediciones 611 y 612, Jueves 10 y 17 de septiembre respectivamente [aunque la del 10 aparece como 3 en la portada, acabo de notarlo]) y que me llamó mucho la atención por afinidad es el de la selfie como emblema contemporáneo de la vanidad. En la primera edición que menciono, el tema se toca en una carta al director enviada por Patricio Antonio Olavarria titulada “Odio la Selfi”. En este artículo se hace una crítica a la selfie como una muestra de vanidad, de poca sinceridad con la realidad. En palabras del autor de la carta:

La selfi es la inmediatez, la captura de una fantasía absurda que no es otra cosa que ausencia de realismo y realidad.

Y luego sigue haciendo una comparación con la fotografía antigua. La reflexión se enfoca en una actitud distinta sobre la fotografía que refleja en parte la actitud de las distintas épocas.

Los antiguos retratos, que tampoco son exultantes de alegría y no por ello son la manifestación de viejos y amargados hombres y mujeres, hablan por qué no decirlo de una época en la que reír más bien era un gesto sincero, o absurdo pero nunca una pose. (…) Es sencillamente muy difícil encontrar en la pintura del siglo XIX a modelos simulando estar henchidos de alegría. Lo que hay, son miradas.

En la edición de la semana siguiente del The Clinic, en un artículo titulado #NOPIENSENQUESOYCOMUNYCORRIENTE por Constanza Michelson, artículo que tristemente no encontré en la versión online del Clinic para haberlo linkeado, se presenta a este personaje que traigo hoy: la Socality Barbie.

Esta cuenta viene a reflejar algo que hace tiempo aqueja a nuestra sociedad. Pero como toda muestra de estupidez, cuando se vuelve masiva, pasa a aceptarse implícitamente y a ser una parte de la cultura. Recuerdo cuando una vez, en un carrete con unos amigos, me fijé en unas tipas sentadas cerca que se empezaron a sacar fotos. No era la primera vez que lo pensaba, pero esa imagen se me marcó muy fuertemente. Las tipas sonreían de oreja a oreja, se acomodaban el pelo, buscaban el ángulo perfecto, tomaban la foto, guardaban su sonrisa, miraban la pantalla y notaban que no les gustó. Pum, vuelta al paso uno. ¿Dónde quedaba esa sonrisa grandota después de que se sacaban la foto?

En el artículo, se analiza la nueva evolución en el intento desesperado de mostrar el yo al resto. En algún momento de la historia, creo que reciente, asumimos que al resto le interesaba saber quién era yo. Y el que esté libre de pecado que lance la primera piedra, miren que uno que escribe un blog asumiendo que puede decir algo interesante no puede dar un paso al lado. Pero hay un punto en el que eso mismo en que eso es quizá una etapa de crecimiento y de validación personal, algo así como autoconocimiento púber (me río para mis adentros recordando cuando tenía un parche de Tronic en la mochila). A la vez esas cosas nos sirven de cierta forma para cohesionarnos en un grupo, como las chapitas de anime y para identificarnos mutuamente dentro de alguna subcultura. Pero hay un momento en que se cruza ese punto “sano” y la necesidad de validación personal se sale de control. Es cuando ya dejamos de necesitar decir “yo soy tal y tal cosa y pertenezco a tal y tal grupo” y pasamos a decir “yo soy esto, tan fabuloso, y soy distinto de todos ustedes, montón de criaturas aburridas” o caemos en el igualmente terrible “¡mírenme! ¡estoy feliz y mi vida es fabulosa! (igual no estoy tan satisfecho así como para disfrutarla callado/a, ¿así que me dejas un like?)”.

La Socality Barbie (a la que yo llamaba equivocadamente Sociality Barbie hasta hace un rato, antes de que Lineth, una amiga, me contara que un amigo de USA le explicaba que era Socality por @socality, un sitio de payasos hipsters cristianos con cámaras que cuestan veinte sueldos mínimos…) representa muy bien lo anterior. Me encanta la parodia que hace de toda esta versión decadente del Millenial (así como en el artículo anterior yo mostraba una arista más simpática) que anda dedicada a la prostitución de likes por Internet. Toda esta moda bien hipster de andando mostrando fotos de viajes, sonreír mirando a la cámara (o a algún punto en el vacío para hacernos los interesantes), mostrar los libros que andamos leyendo y ponerlos al lado de una taza de café, ya se está saliendo de control. Y como el humor muchas veces cumple un rol exquisitamente pedagógico, aquí llega una parodia que reúne todos estos elementos y se ríe de ellos, y a la vez nos muestra su vacío y su sinsentido. Y qué mejor que hacerlo con una Barbie hipster, mezcla entre el canon de lo plástico y el tipo que quiere ser distinto para no ser mainstream y termina siendo tan repetido que se convierte en lo que repudia: un lugar común.

Quiero citar un fragmento del artículo de Constanza Michelson porque simplemente me parece hermoso:

El enemigo lógico de la #vidaauténtica debiera ser lo que huela a simulación. Sin embargo, parece que a esta ideología no le importa tanto la tensión entre lo verdadero y lo falso, ya que asume con total descaro que una imagen ultra planificada, llena de filtros y a la espera de aprobación, está libre del polvo y la paja de la falsa conciencia. Lo auténtico, más bien, responde a una tensión entre lo exclusivo y lo masivo: mientras menos accedan a esos rincones del mundo donde nos refugiamos, más cerca estamos de lo genuino.

Es medio ridículo esto a lo que hemos llegado, y hablo en primera persona plural porque yo igual tengo una selfie ultrasensual de foto de perfil en Facebook (lo sé, me quedan bien los lentes, gracias, gracias), así que necesitamos burlarnos de eso para que no se vuelva demasiado serio. Riámonos de las ridiculeces de nuestra sociedad, a ver si en el futuro se convierten en uno de esos recuerdos que nos sonrojan como el peinado que nos hacíamos en el liceo creyendo que nos daba más estilo o de cualquier moda pasada. Y qué mejor que la @socalitybarbie para ayudarnos a reír de este mundo de necesidad de aprobación, saturado de palabras como “auténtico”, “orgánico”, “light” y un montón de hashtags que no hacen más que lanzar un grito silencioso en el que pedimos ser vistos y valorados por el resto.

Riámonos de la selfie y este carpe diem de cartón detrás del que se esconden días aburridos haciendo scroll en las redes sociales. Riámonos de la apariencia de interesantes y no nos preocupemos de lo que vaya a pensar el resto cuando nos ve (escribo mientras suena esta canción, comentario random). Salgamos feos en la foto y que no nos importe. Yo ya me río bastante de mis propias selfies como en este ejemplo en el que hasta la original parece la parodia de algo.

Para el que se quiera reir con la @socalitybarbie, que se de una vuelta por su cuenta de Instagram: https://instagram.com/socalitybarbie/

Como siempre, espero que hayan disfrutado leyendo y cualquier comentario será bien recibido.

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6 comentarios en “El bolsillo de la colación: La @socalitybarbie y el carpe diem de cartón

  1. Que certero Bruno weón. El otro día me agregó una minoca a FB, al parecer no nos conocemos, se veía bien guapetona en su foto de perfil pero después de leer el pié de foto del tipo “vive cada día al máximo” se me revolvió un poco la güata, hice una mueca de oler pasta base y no pude evitar ignorar su solicitud de amistad. Creo que está weaita del carpe diem de cartón me está convirtiendo en un weón prejuicioso. :S

    • A mí hasta me llega a deprimir la gente que anda publicando frases motivacionales. ¿Pa’ qué? Si uno anda motivado por la vida no tiene por qué andar buscando aprobación. Cuando uno anda satisfecho con uno mismo se nota, no hay pa’ qué andarse alumbrando. Eso suena a inseguridad.

  2. Insospechadas han sido las consecuencias de la inmediatez pictórica en la psiquis colectiva. Es un tema complejo de alcances siniestros y a la vez fascinantes.

    En la génesis de la sociedad humana, el rol de la pictografía era de carácter mágico; los primitivos seres humanos plasmaban con tintes naturales en las paredes de las cavernas dibujos de animales salvajes,de hombres en caza y de triunfos sobre la adversa naturaleza. La pictografía en esos tiempos carecía absolutamente de vanidad (fin fútil), al contrario tenia la finalidad de por medio de la representación místicamente alterar la realidad buscando un fin de supervivencia. No estaba en la mente del hombre primitivo perpetuarse miles de años al futuro, ni menos aun que sus diseños fuesen ocupados en tantos individuales de linóleo en Casa/ideas.

    Haciendo un salto monumental en años, me gustaría referirme a otro tipo de representación pictórica, la cual no lo es propiamente tal, ya que no son el decorado para paredes mas antiguo del mundo, sino una forma de escritura. Solo la fortuna y la tenacidad de Champollion lograron poner los primeros adoquines en el largo camino que sería convertir los dibujos en ideogramas y de estos a lo que yo escribo y tu lees. Que en esos tiempos los miles de ideogramas que tapizaban las paredes de las catacumbas serían la forma de perpetuar la memoria de quienes yacían en ellas, los viajaban aun mundo de eternidad y que fueron dejados atrás por el testimonio vivo de su memoria.

    Tengo sueño … prometo continuarlo 😄 a fin de poder seguir conversando del tema

  3. Hermoso, Brunín! Hay cosas terribles y tratar de que la selfie te inspire. De adónde, en la vida una mina haciendo boca de pato y mostrando las lolas te va a inspirar algo más que un leve deseo. Mejor quererse así no más, de cuándo que siempre es necesario ser perfecto?? *recuerda el ojo caído de Thom Yorke*
    No podría estar más de acuerdo con todo lo que escribiste!

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