Cuento del taller: Dos Momentos

El tema para la semana pasada era “El Libro”. Escribo el cuento ahora, porque el viernes pasado fui a Valparaíso con los voluntarios de la UCM. La idea esta vez es hablar del libro en dos situaciones distintas: una primera parte en que se habla de la creación de una historia, y en una segunda parte en que se habla de la trascendencia de las historias a través del tiempo. Todo a través de dos partes de un cuento que se unen en torno a un escrito.

 

Dos Momentos

Parte 1: Momento Bibliográfico

Por alguna razón, ese día decidió caminar por una calle distinta. A veces uno se cansa tanto de la monotonía del mundo que siente que se va a volver de piedra si no hace algo que rompa el común andar. Así fue como se encontró cruzando un callejón que olía a abandono, y así fue como se encontró frente a frente con un cuaderno pegado a una pared. No era un cuaderno extraño que saltara a la vista, pero el hecho de que estuviera pegado a la pared (y con tal firmeza) fue lo que lo llevó a detenerse y acercarse. La tapa se deslizó hacia el lado tal como lo haría una puerta y desveló un pequeño texto escrito en la primera página:

La idea es simple: escribes algo y vuelves a los dos días. Cuando vuelvas, yo habré escrito algo. Si vienes el día después de haber escrito, se acaba el juego. Si te demoras algunos días, te esperaré hasta que me aburra. Pasémoslo bien.”

Al leer eso se sorprendió. Una propuesta así era algo más impresionante que lo que buscaba con su idea original de caminar por una calle distinta. Se palpó los bolsillos y no encontró ningún lápiz, así que, decepcionado, se marchó.

Al día siguiente, mirando alrededor como si lo estuvieran observando, se acercó al callejón sosteniendo un lápiz. Algo nervioso, escribió un pequeño saludo y se marchó sonrojado pensando que cometía una estupidez al estar ahí. No fue eso lo que pensó cuando dos días más tarde encontró una alegre respuesta un par de líneas bajo su mensaje. Así fue como comenzó su historia. Día por medio iba a buscar una respuesta y a dejar un mensaje. A veces recibía preguntas que él también respondía divertido. Siempre había algo agradable que leer ahí: algún chiste, una historia breve, una reflexión, alguien que ponía atención a sus historias. Había una cierta fluidez en su diálogo que escapaba al flujo natural del tiempo. A veces se ponía a leer hacia atrás la historia que iban construyendo y sentía que su vida no fuera otra cosa más que la que aparecía escrita en ese cuaderno. Curiosa cosa resulta mencionar que jamás se enteró del nombre, sexo o edad de su interlocutor. A veces preguntó, pero fue evadido con ingeniosas respuestas que hicieron innecesaria la insistencia. Así siguieron hasta el día de la enfermedad. Cayó en cama sin poderse levantar por algunas semanas. Cada día se volvía una agonía tal que escribía en cada papel que encontraba. Entre fiebre y tos recordaba una parte de las instrucciones: “te esperaré hasta que me aburra”. ¿Se habrá aburrido? ¿Me habrá respondido?

El primer día de la mejora, partió a su pasillo lo más rápido que pudo. Sobresaltado vio que lo único que había por respuesta era la silueta de una mano dibujada. Como si lo supiera de antaño, apoyó su palma contra la palma dibujada y susurró unas palabras: “Estoy de vuelta”. Después del dibujo escribió una pequeña frase: “Quiero verte”. Dos días después, su historia tomaría un giro totalmente nuevo.

Parte 2: Momento Arqueológico

Un día a principios del año 3074, un recolector exploraba el terreno que se le había asignado en la zona de escombros “Tierra-429”. El objetivo de su trabajo era buscar algo de interés que pudiera servir a los arqueólogos que cómodamente esperaban en la nave. Explorar aquellos pedazos de planeta flotantes con su traje de gravedad artificial parecía una ligera labor en comparación con las regalías que le ofrecían si encontraba alguna evidencia destacable de las creaciones humanas de antaño.

Fue allá por el año 2350 cuando un fenómeno que los científicos describieron como una especie de resonancia con un universo paralelo empezó a provocar procesos extraños en la materia. El proceso más famoso fue la alteración en el campo de gravedad de la Tierra, que la llevó a fracturarse en grandes pedazos de roca que flotaban como si el tiempo los hubiera olvidado. Con el paso de los años, las rocas y la materia se empezaban a desintegrar, por lo que se enviaron expediciones de arqueólogos a intentar salvar lo que pudieran encontrar como vestigio de la cultura humana que en el período de la fractura se vio obligada a huir presurosa del planeta abandonando muchas de sus creaciones.

Entre todos esos restos de mundo fue que el recolector dio con un artefacto sospechoso. Un elemento rectangular adherido a un bloque de concreto que parecía plegarse sobre un eje. Extrañado, lo despegó aplicando algunos pulsos electromagnéticos con su guante. Se llevó una gran impresión al darse cuenta de que habían palabras escritas en el artefacto. Ligeramente distintas a las que se hablaban en su época, pero aún así comprensibles. Luego de empezar a leer comprendió que era un diálogo. ¿Qué sentido tenía registrar un diálogo en tal artefacto? Era muy distinto de las pantallas en las que podía consultar información en cualquier momento y que se reescribirían al mostrar información nueva. Esto era un diálogo sin ninguna posibilidad de modificación en un material que parecía poder romperse ante una adecuada aplicación de fuerza. Los arqueólogos sabrían qué hacer con esto, así que se comenzó a impulsar hacia la nave mientras por curiosidad aún leía. Así conoció la historia. Cada palabra lo hacía acercarse más a la esencia misma de la conversación forjada en el papel. No le encontraba un sentido al hecho de escribir tales cosas, pero lo disfrutaba. Su mente intentaba buscar una utilidad al mundo que se construía ante sus ojos y no lo lograba. Pero algo estaba claro: lo disfrutaba y quería más.

Luego de unas horas se hallaba sentado sobre una roca aún inmerso en la historia. En eso se encontró con el dibujo de una mano. La recorrió con el dedo y luego leyó las líneas que concluían la historia. Ante ellas, sentía su pecho sobrecogido de emoción. “Creo que aún no le llevaré esto a los arqueólogos”. El recolector se internó otra vez entre las rocas. Por alguna extraña razón necesitaba conseguir otro de esos artefactos. Así fue como el último libro de un momento se convirtió en el primero de otro.

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