Cuento del Taller: Melodías de una estrella

El tema para esta semana era el silencio, pero cuando lo empecé a escribir me fui por las ramas y me alejé algo del tema. La idea de escribir un cuento en versos nació luego de que me puse a jugar el juego Child of Light de Ubisoft y quise intentar usar las palabras de esa forma musical. Descubrí que es una gran tarea. Sin más preámbulos, aquí está:

Melodías de una estrella

La luna ya se alzaba

sobre el cielo estrellado.

“Cuéntame una historia”

pidió el niño, arropado.

El padre tomó un libro,

pues estaba preparado.

“Esta es una historia

que una vez oí de un mago”.

En un tiempo ya distante

cuando joven era el cielo

las montañas contemplaron

una tierra en feroz duelo.

Como truenos se escuchaban

más allá de los castillos

los azotes incesantes

de metal contra colmillos.

Entre hombres y dragones

jamás hubo otro lenguaje

que no fuera el de la ira

que asolaba los paisajes.

La paz yacía dormida

en este tiempo amargo

pero de unos ojos niños

dejaría su letargo.

Pies descalzos lo llevaban

hacia el bosque cada tarde.

Sin testigos entrenaba

las destrezas de su arte.

Era el arpa su tesoro,

de sus padres la memoria.

En sus cuerdas excavaba

por vestigios de su historia.

Melodías frente a un río

de la guerra lo resguardan.

En la espada no hay sentido

si los pajaritos cantan.

En un día de rutina

sintió que lo observaban.

Dos dorados brillos

entre arbustos lo miraban.

“¿De quién serán los ojos

que desde la sombra espían?

Por favor, ladrón no seas

pues mi bolsa está vacía”.

Un paso dio hacia atrás

y sintió un escalofrío

cuando de entre las hojas

hubo él aparecido.

Con la piel de escamas negras

y los dientes afilados

frente a él se mostró un dragón

y quedaron congelados.

De rodillas él se cae

por el susto tan inmenso.

Ojos cierra, resignado.

Muerte espera, en suspenso.

Pero el dragón no lo ataca,

más lo mira sorprendido.

Jamás había visto a un hombre

engendrar bello sonido.

Con un gesto él le explica,

pues no habla lengua humana,

que su música lo atrajo

y no trae intención mala.

Poco a poco ellos se acercan,

y el miedo abandonan.

Entre cada melodía

su nueva amistad se asoma.

Día a día se reúnen,

en el bosque frente al río.

La ocasión ellos no pierden

aunque llueva o haga frío.

“¿No eran estas criaturas

de terrible corazón?

En los ojos de mi amigo

de maldad no veo razón.

Ya no veo más motivo

a esta terrible guerra

les diré con mi canción

a los hombres de mi tierra.”

Y así el niño con su arte

se fue a recorrer los pueblos.

Cada día, cada tarde

su sonido alzaba el vuelo.

A los hombres les cantaba

“En la guerra no hay sentido”

pero ellos ciegos, sordos,

no le prestaban oído.

A los dragones cansados

de su espalda alas crecieron.

Tras la luna, a otra estrella

una noche ellos fueron.

Sólo uno quedó atrás,

para dar su despedida.

El niño le dedica

una nueva melodía.

“Vuela lejos, buen amigo

yo en la tierra viajaré.

Algún día con mi arte

de la paz convenceré.

Y así puedas algún día

a esta tierra tú volver.

Y que hombres y dragones

puedan juntos crecer.”

En la noche, en silencio

los dragones algo oían.

Alegraba el cielo inmenso

una humilde melodía.

Y habiendo así la historia

alcanzado ya su fin

el pequeño niño dragón

se puso a dormir.

“Ya te estaba esperando

para poder jugar contigo”

le dijo en el sueño

un niño hombre, su amigo.

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