Cuento del taller: Espacio, despacio

Para este taller se propusieron los temas de “la soledad”, “las estrellas” y “la fotografía”. Utilicé “la soledad” y “las estrellas” para escribir este cuento.

Espacio, despacio

El universo es demasiado amplio para que sólo hayan formas de vida en un lugar. Existe un planeta que contempla las estrellas desde la distancia. Es un lugar frío y sin atmósfera, pero no por eso inhabitable. Al menos no para la única criatura que vive ahí. Durante más años que los que un mortal se haya atrevido a contar, esta forma de vida no dependiente de oxígeno ha ido creciendo. Lentamente, átomo a átomo, se ha ido formando como una masa que recubre la corteza del planeta. Tan lento ha vivido, que puede escuchar el tiempo. Siente el movimiento de planetas distantes que repiten, incansables, su misma canción. Ha visto estrellas nacer y morir. Ha escuchado el silbido de cometas de hielo desterrados a galaxias lejanas y condenados a morir en vistosos hilos de luz. Ha contemplado todas las escalas de colores de la vida de los soles y ha sentido en su piel la dilatación del universo mismo. Pero tan lento ha vivido, que cada suceso se vuelve trivial. Miles, millones de años pueden pasar sin provocar sorpresa en la criatura. ¿Qué belleza le queda al nacimiento de una estrella cuando ya se han visto infinitas? ¿Que nostalgia queda cuando se mueren y su luz huye como una tumba viajera? No habían emociones en un mundo inmortal.

En un momento (se debe decir momento, pues un día carece de significado), la criatura comenzó a sentir un cosquilleo sobre su piel. Era una vibración conocida, pero en patrones completamente nuevos. En un principio era un temblor sutil, pero rápidamente se empezó a intensificar. La criatura estaba sintiendo radiaciones electromagnéticas que venían viajando desde un punto en alguna galaxia. La vibración se sentía como si tuviera fuentes distintas que se lanzaban bocanadas de energía unas a otras. Era una música completamente nueva, distinta de la que cantaban las estrellas. La sensación llegó a un clímax de intensidad para luego desaparecer otra vez. Tan sorprendentemente como llegó, se desvaneció. Silencio otra vez. La criatura no sabía que acababa de escuchar el eco de la breve vida que se había desarrollado sobre un planeta azul distante que ahora yacía envuelto en un silencio de luto. Lo único que supo en ese entonces era que se encontraba sola.

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