Microcuentos V

Dicen los rumores que el universo es circular.
La humanidad crece, alcanza niveles avanzadísimos de desarrollo cultural y científico y decide viajar a planetas lejanos para conseguir el conocimiento que le abrirá los ojos a las grandes verdades.
Cuando viaja distancias tremendas, se encuentra con un planeta azul, habitado por bárbaros que los reciben con bombas y balas hasta ser destruidos.
Dicen los rumores que los bárbaros luego crecen.
Dicen los rumores que el universo es circular.

Microcuento sobre los que se muerden la cola.

Estaban en un café.
– ¿Me amarás hasta el fin del tiempo?
– Eso espero.
– Pues tengo algo que confesarte.
– ¿Qué cosa?
– ¿Me querrás después de que te lo diga?
– Me estás asustando… ¿qué me quieres decir?
– ¿Me seguirás queriendo?
– ¡Ya dime lo que tengas que decir!
– Está bien… por las noches me convierto en dragón y salgo a volar cerca de la luna.
Ella se detuvo un momento.
– ¿Qué mierda pasa contigo? ¿Acaso juegas conmigo?
Se enojó, tomó sus cosas y se marchó.
Más tarde él, sentado en la luna pensaba que los humanos habían perdido el sentido del humor.

Microcuento sin azúcar.

En el dormitorio, la temperatura subía amparada por el chirriar de los resortes y el crujir de las tablas.
En la cocina, dos tazas de té agonizaban heladas.
Voces tenues empezaban a presagiar calamidades.

Microcuento del origen del viento.

Fue criada para ser una señorita ideal.
Ella quería ser modelo.
Ellos querían un negocio fácil y placentero.
El led rojo parpadeante de la cámara contemplaba en silencio una más de tantas inocencias perdidas.

Microcuento tipo casting.

Era una tarde gris cuando él decidió marcharse.
Cerró la puerta y se marchó con el erotismo muerto y la espalda encorvada por el medio siglo de matrimonio que cargaba a la espalda.
Miró el reloj y pensó que no era muy tarde.
El tata iría a probar suerte con alguna chiquilla.

Microcuento en contra del tiempo.

Su realidad era maravillosa.
Su día consistía en recorrer mundos. Recorría mundos extraños, siempre con cierta novedad, en los que se mezclaban situaciones y personajes inesperados. A veces aparecía corriendo en la calle, huyendo de algo que no sabía que era. Otras veces estaba con gente conversando de temas que entendía perfectamente sin haberlos estudiado nunca. A veces caía al vacío. Otras veces ni siquiera existía y se convertía en testigo de curiosas historias que desfilaban ante su vista.
Lo terrible era que luego de recorrer varios mundos, un sonido de un pitido con ritmo monótono lo empezaba a molestar y se lo llevaba a otro mundo. Un mundo en el que estaba en una cama, en el que se levantaba con frío, se afeitaba, tomaba un taxi y se sentaba en una oficina por casi todo el día parando sólo para almorzar, llegaba a la casa a comer algo y se metía a la cama. Era un mundo terrible del que no podía escapar sino hasta meterse en la cama. Era una pesadilla.
Aunque entonces dejaba de ser importante ese mundo horrible porque aquí tenía sus mundos reales. Sus propios mundos.

Microcuento continuo.

El poeta repentinamente decide cambiar de musa.
Los ojos azules que flotan en el frasco de su escritorio empiezan a emitir un olor desagradable.

Microcuento vencido.

Siempre atribuyó el nudo que no podía desatar en su garganta a su constante nostalgia de tantos desamores.
Se enteró del tumor demasiado tarde.

Microcuento sobre la vida y muerte de algún poeta.

Siempre el llegar a la casa de la abuela le provocaba sentimientos confusos.
Frente a esas empanadas y sopaipillas generosas se preguntaba si su estilo vida de cuello y corbata era el correcto.
Era particularmente extraño cuando la abuela decía que su nieto era el orgullo de la familia y que era un hombre exitoso y educado.
Pero esas empanadas… Esas tortillas… Ese chancho en piedra…

Microcuento con olor a madera.

Pasó horas limpiándose las manos en el baño.
Se empezó a obsesionar.
Las paredes lo escuchaban y las baldosas lo miraban.
Sentía que vivía con el alma en un hilo.
No se dio cuenta de que su alma se descosía poco a poco hasta que ya fue imposible de volverse a zurcir.

Microcuento post mortem.

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