Me gustaría decir unas palabras sobre la cultura…

No me venga con que no tiene acceso a cultura.
No venga con esas patrañas de que para tener cultura hay que tener plata.
Es hora de sacarse de la cabeza esa idea estúpida de que la cultura se “adquiere” como un vil producto y que es parte de lo que el mercado llama “entretenimiento”.

La cultura no es un CD de música, no es un libro usando espacio en la repisa, no es una pintura colgada en el living, no es una escultura en la mesita de centro, no es una entrada al cine ni al teatro.
La cultura son todas las expresiones que nos caracterizan como grupos humanos. No es algo que se pueda envasar ni medir con números ni precios de entradas ni canjear por puntos.

Es algo que creamos con nuestras actitudes, con nuestros actos y nuestros modos de pensar. Con nuestros anhelos y nuestras formas de vivir.

La próxima vez que usted vaya a decir que no tiene acceso a cultura, esa misma actitud será parte de su cultura, pero de una cultura decadente, que busca ver todo como una mercancía y como bienes adquiribles.

Como dice Guy Debord en “La Sociedad del Espectáculo”, nuestra sociedad vive en “la declinación de ser en tener, y de tener en simplemente parecer”. Nos enseñan que la cultura es apariencia, es intelectualismo, es esnobismo. Dejamos de “ser” para “tener”, para adquirir. Y luego vamos aún más allá y pasamos a “parecer”, a “creernos
cultos” por poseer.

Es momento de que el ser humano se reencuentre con su cultura. Es momento de que al hablar de cultura, pensemos en todo aquello que nos distingue como grupo humano, lo reflexionemos y lo veamos como algo vivo que creamos entre todos.

Para tener cultura no se necesita pagar, se necesita ser humano, sentir, desear, experimentar, crear. Lo demás es simplemente tomar un lápiz y escribir, tomar un pincel y pintar, tomar un instrumento y crear música, reunirse con gente y discutir, simplemente actuar, que para esas cosas no se le pide permiso a nadie.

Cuando empecemos a ver la cultura como parte de nosotros, vamos a ver lo que de verdad hace terribles a cosas como el altísimo impuesto al libro o las restricciones ridículas como el DRM. Se deja que la economía limite nuestro acceso a la creación y expresión de otras personas. Nos lleva a que se elitice el contenido y que se fracture nuestra identidad cultural.

Por eso, la gente debe recuperar las riendas de la cultura y debe comprender que la cultura no se “adquiere”, uno se hace partícipe y/o agente de ella. Y también debe entender que la cultura no es un elemento de entretenimiento, sino que es el espíritu de los grupos humanos.

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